22 de diciembre de 2007 por Pepe Aguiló
Cuando evitó tu derrumbe esta mañana con aquella maquina, me ha venido a la memoria aquellas grandes noches en que me ofreciste tus mejores galas.
Después me han venido las imágenes, aquellas largas colas para entrar, la gente con sus mejores vestidos y tú con las puertas abiertas de par en par: para recibir a tu público que tanto te quiso.
Una vez dentro todo tan elegante y brillante los focos iluminando los pasillos, la alfombra roja indicando la dirección a seguir, los asientos dispuestos para nosotros.
Cuando todos nos hemos acomodado y estamos mirando el tríptico de tu obra que nos ofrecías, de repente se apagaban las luces y acto seguido se retiraba el telón, abriendo paso al escenario la función iba a comenzar.
Nosotros, los espectadores, en silencio y tus actores representando tus guiones, sin equivocarse, sin parar hasta el fin como siempre.
A concluir, el telón se cerraba con nuestros aplausos, unos segundos más tarde el telón se volvía abrir y uno a uno los actores salían y nos dedicaban unos saludos que se mezclaban con nuestros aplausos.
Poco a poco los espectadores se iban marchando pero siempre con las mismas palabras: de agradecimiento por el rato que habían pasado.
Hoy estoy frente a ti y sólo veo una nube de polvo, sus paredes son escombros, los asientos están sucios bajo tierra y tu sombra ha desaparecido para siempre: todo el pueblo te recuerda con tanto cariño que a pesar de que el tiempo cura las heridas, tu sombra siempre estará viva en nuestros corazones por siempre jamás.
» 1 comentario:
Muy bonito.